Estación de Manacor

y la pérdida de espació público

La estación de Manacor se reabrió al tráfico regular de trenes EL 11 de mayo de 2003, durante la época en la que el Govern Balear se encontraba en manos del pacte de Progrès.

La estación se había cerrado, casi al mismo tiempo  que el resto de las estaciones de la línea Inca a Artá en el año 1978 época en que el ferrocarril público estaba en manos estatales con la empresa FEVE (Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha), que tras un largo período de nulas inversiones ferroviarias y déficit acumulado tras varios años en que el Estado tenía abandonadas las líneas de ferrocarril mallorquinas. hizo que la situación se volviera insostenible.

Con la reapertura de la línea férrea, entre Inca y Manacor se restablece el servicio regular de pasajeros, pero se transforma la antigua estación a las nuevas necesidades de la compañía ferroviaria balear Serveis Ferroviaris de Mallorca en cuya gerencia se encontraba el Sr. José Antonio Santos Hierro y el Conseller d'Obres Públiques i Transports el Sr. Quetglas.

La estación de Manacor y su entorno, cerrada desde 1978 y abandonada desde entonces, presentaba un alto grado de degradación, siendo pasto del vandalismo urbano, refugio de indigentes y toxicómanos que hicieron mella en las antiguas dependencias del edificio de viajeros incendiándola en más de una ocasión. La acumulación de basuras tanto en el interior como en el exterior del edificio daban una pobre imagen al turista que se acercaba a visitar las antiguas instalaciones.

Fachada del edificio de viajeros sobre el  andén

Fachada del edificio de viajeros sobre el aparcamiento

A parte del edificio de viajeros, se conservaba la caseta destinada a los retretes, y un edificio destinado a cocheras en uno de los extremos del solar. El corredor ferroviario había sido invadido por las empresas colindantes depositando  sobre él a modo de almacén los diversos materiales de construcción y maderas.

El conjunto de la antigua estación ocupaba un amplio solar, en una ciudad como Manacor en pleno desarrollo urbanístico.

Con la reapertura de la línea de Manacor, la estación sufrió un tremendo cambio en su aspecto y fisonomías, desapareciendo las antiguas cocheras de locomotoras, árboles, cipreses, y perdiendo el ferrocarril gran parte del terreno que tenía el cual fue permutado o vendido a empresas constructoras que vieron una gran oportunidad entonces para levantar edificios de viviendas cercanas a la estación.

Las antiguas cocheras de locomotoras fueron derribadas con la reforma de la estación, en su lugar hay ahora bloques de viviendas y en donde están los árboles una calle asfaltada. Ni rastro ya de los cipreses ni árboles, todos fueron talados.

 

La ciudad de Manacor con esto, perdió una gran oportunidad para ganar un espacio verde y de ocio para sus ciudadanos, en los terrenos que por entonces Serveis Ferroviaris de Mallorca no les tenía utilidad. Tampoco se tenía entonces una visión de futuro, ya que la continuación de la apertura de Manacor tendría que conllevar la reapertura de la línea hacia Artá que el Pacte de Progrès apoyaba en sus manifestaciones políticas y en las diferentes concentraciones populares que sustentaron y que se realizaron durante diferentes años reclamando al Gobierno Central de Madrid (por entonces en manos del Partido Popular) las inversiones necesarias para llevarla a cabo.

El reloj de la estación se salvó del  contenedor de escombros gracias a la intervención de la Asociación de Amigos del Ferrocarril de Baleares, la empresa SFM en la persona del Sr. Santos mientras tanto aseguraba que se había guardado convenientemente (no se entiende que el cubo de la basura sea el lugar adecuado). El otro reloj, el de la fachada posterior, no se consiguió salvar.

Al cabo de poco tiempo de reinaugurar la línea de Manacor, ya la empresa Serveis Ferroviaris de Mallorca quería prolongar la línea de ferrocarril hacia Artá, pero a su paso por Manacor de forma soterrada, con lo que el terreno que había sido vendido a las empresas constructoras, ahora hubiera podido ser de una gran utilidad para haber realizado en ellos una estación provisional, o bien el acopio de materiales, pero el nefasto negocio ya estaba hecho, con lo que los problemas para realizar las nuevas obras deberían contar entonces con nuevas soluciones, seguramente menos apropiadas y más molestas para los ciudadanos de Manacor.

La gran crítica que se hace desde estas páginas no es la reapertura de la línea de ferrocarril, ni a la recuperación del edificio de viajeros y retrete, que aunque con matizaciones, podríamos decir que se han recuperado convenientemente, sino que es hacia la forma en que se recuperó el entorno de la estación, el no querer salvaguardar parte del territorio público para el ciudadano, y en la nula visión en recuperar el patrimonio histórico ferroviario.